Isidro y Bernat Escorihuela
Artículo original en Bon Dia

De Katsikas a Filippiadas nos separan 58 kilómetros por una bonita carretera de montaña en dirección hacia el sur-oeste de Grecia. Nos lo tomamos con calma, nosotros no tenemos prisa, no como los valientes griegos y su conducción a la griega, es decir a la brava.

Nos encontramos con dos nuevos cooperantes en el pueblo de Filippiadas. Es necesario que nos lo tomemos con calma; aquí quien manda es la autoridad y en este caso es el ejército griego, poca broma, y ​​ya vemos que su tarea de vigilancia del campo se la toman en serio. Resulta que los dos formularios que enviamos desde Andorra no les han hecho ni frío ni calor y toca volver a empezar. Después de toda la burocracia necesaria conseguimos los preciados pases, que nos dejarán mover con “libertad” por el campo.

Nos recibe un campo inaugurado el mes de marzo y con capacidad para 600 refugiados; actualmente la ocupan 450 residentes (sirios, afganos, pocos iraquíes y una familia palestina). Como Katsikas, los refugiados pueden moverse libremente, es decir entrar y salir sin ningún problema. Ahora bien, por orden militar no pueden entrar en el espacio destinado a los voluntarios (propiedad de los militares).

La vida en este campo está muy controlada tanto a los refugiados como los cooperantes. Utilizando un símil futbolístico, los militares utilizan la antigua táctica de los equipos mediocres tirando a malos de marcaje al hombre. Aquí, menos respirar todo debe tener la autorización de la máxima autoridad. ¿Motivo?

El almacén que utilizamos y que hace las funciones obvias de un almacén y de meeting point es un caos total y absoluto. La razón es sencilla: hasta hace dos semanas sólo había cuatro voluntarios para ayudar a cubrir las necesidades básicas de las familias. El motivo, os preguntaréis: pues que nuestros queridos defensores de la patria griega ponían mil trabas para entrar a cooperar en el campo y quieren tener el control absoluto del almacén hasta tal punto que, como ellos son los propietarios de la nave, no dejan instalar algo tan básico como estanterías, ni siquiera podían ni podemos utilizar los palillos para reciclarlos y hacer mesas de trabajo.

Pero el asunto es tan dantesco que una mini-ONG alemana, que llevan un simple proyecto de servir té a los refugiados cada tarde (por acabarlo de arreglar, estamos en Ramadán), los pidieron un espacio, a los militares, dentro del almacén. Accedieron pero con la condición de que hicieran instalar unas puertas metálicas con llave. Una vez que la demanda fue cubierta, la máxima autoridad les dio el visto bueno para iniciar su proyecto pero con la condición de que las nuevas puertas estuvieran siempre abiertas. En fin, así vamos subsistiendo.

El campo, de momento, no tiene agua potable. Esto significa que cada mañana debemos cubrir el servicio de donación de agua potable a las 109 tiendas que acogen las 450 almas de Filippiadas. Toca una botella de 1,5 litros por cabeza para pasar el día, pero intentamos darles en un poco más. Normalmente son los niños los que se encargan de la tarea de venir a buscar las botellas de agua para toda la familia. Siempre hay un grupo de voluntarios listos para ayudarles a llevar el agua hasta su jaima. Hay que decir que el gasto del agua corre a cargo del ejército griego.

Pero el campo tiene un río, con rápidos y charcas de agua tranquila y fresca que es la alegría de pequeños y grandes. Niños, hombres, mujeres (vestidas), todos nos bañamos mientras compartimos este momento de ocio. A nosotros nos desestresa y a ellos les libera. Una vez más nos queda claro que la convivencia entre sur y norte no debe ser ningún problema, un río nos enseña cada día. Al grito alegre y risueño de yala ( “vamos” en árabe), nos bañamos y bajamos por los rápidos todos juntos: sirios, andorranos, afganos, españoles, iraquíes, irlandeses, eslovacos … Los pequeños nos reclaman a sus charcas para jugar con ellos y salpicarnos con el agua helada. Labios morados y temblores llenos de alegría. Todos somos uno, todos somos personas humanas, no hay que olvidarlo. Another day in paradise.