Días 3 y 4 en el campo de hadas

Ayer llegó una pareja de Motril con la que hemos encajado estupendamente. Fue un día duro físicamente. Creíamos que el camión con todo el cargamento de Pozoblanco y Asturias llegaba ayer, así que nos pusimos como locas a desalojar un hueco en el almacén para que hubiese capacidad para los 7 palets. Más de lo mismo. En el almacén un calor asfixiante y empapadas, literalmente, de tanto sudor. Cuando dejamos el hueco listo, salimos a descansar y a que nos diera el aire. Fuera había más de 40° y nos parecía fresquito. Dentro es horroroso.

Por otra parte, vinieron los bomberos de La Coruña que están en un campamento cercano para hacernos unas estanterías y poder colocar en el almacén las cosas ordenadamente. Han traído palets y listones para hacerlos, pero más de la mitad están hechos polvo, así que los clasificamos y amontonamos para devolverlos. Algunos refugiados los ayudan a hacer las estanterías. Al cuarto de juegos y material educativo nos tocan, de momento, dos. Por la tarde las llenamos de cosas ordenadamente y se va viendo orden entre tanto caos. Fue un muy buen trabajo en equipo.

Hoy me levanté con la noticia de Niza. Íbamos pensativos camino del campamento porque pensábamos que los militares estarían más controladores de lo normal y que se respiraría un ambiente enrarecido en el campo. Llegamos y no se notaba nada extraño, todo dentro de la normalidad. Al llegar al almacén encontramos que han colocado una puerta de rejas de hierro. Nos quedamos bastante tocados. No entendemos por qué no los dejan entrar a recoger todo lo que necesitan. Lo de dentro es suyo, no de ningún voluntario ni de ninguna ONG. Entre la noticia de Niza y esto, necesito estar a solas, desahogarme y coger fuerzas para continuar. Mientras me evado, una niña pasa al lado mío y se viene corriendo hacia mí a darme un abrazo. Hasta ahora ha sido el más reconfortante y el más oportuno. Otra torta sin mano… Vuelvo al almacén y, en la puerta, uno de los niños, se me acerca y me regala una pulsera. ¡¡Voy a tenerla puesta hasta que se rompa!! Ayudo a varias personas a transportar el agua a sus tiendas y decido no entrar hoy a ordenar el almacén. Ni quiero, ni puedo, por cuestión de principios. Ya me lo pensaré para otro día cuando asimile y trague.

Vamos a la zona de las mujeres embarazadas a dejar lo que necesitan y una de ellas se siente mal. La llevamos al médico que está enfrente y llaman a la ambulancia para llevarla al hospital. Está embarazada de 3 meses y aún no ha tenido una revisión ginecológica, así que nos preocupamos mucho porque no sabemos si puede ser un posible aborto. Me mandan a buscar a su marido para comunicárselo y que la acompañe al hospital. Voy a su tienda y no lo encuentro, pero otro refugiado me ayuda a buscarlo. Cuando llegamos a la ambulancia el padre decide quedarse con sus dos hijos y que vaya el hermano a acompañarla, así que me quedo con el hijo mayor mientras el padre va a buscar a la otra persona. El niño es un encanto, súper bueno. Me he enamorado de él locamente. La ambulancia se adentra en el campo para ahorrar tiempo y salir cuanto antes, así que al final vamos mi mojoncete y yo en busca del padre, pero no lo encontramos, así que se queda en casa de los vecinos. Cuando vamos hacia los coches, pasamos por una tienda, nos invitan a sentarnos y nos invitan a comer por segunda vez. Volvemos a decir que no, pero ya hemos decidido ir con ellos un día a cenar y llevarles sardinas y atún porque nos hemos enterado de que lo echan muchísimo de menos.

Volvemos a casa a comer y descansar sin saber bien si a la tarde tendré fuerzas para volver después de tantas emociones.

A la hora de volver, decido ir, pero para visitar familias. Visitamos a la que se quedó con el niño por la mañana y a la del niño para ver cómo está su mamá. Nos invitan a café y gracias al traductor de google sabemos que vienen de Damasco, que tienen 2 hijos en Alemania, otro en Suiza, y otro en Siria, porque no tienen más dinero para venir. Les transmitimos el deseo más sincero de que algún día se junten todos en esta Europa que me avergüenza. Ojalá lo consigan.

Y para terminar el día igual que lo empezamos, nos acostamos con la noticia del intento, o no, de golpe de estado en Turquía.

Hasta las narices de tanta mierda.