Isidre i Bernat Escorihuela

Nos vamos, finalmente nos vamos. Como en todo viaje, hemos necesitado un largo periodo para prepararlo y decidir finalmente a qué lugar íbamos de la hermosa y calurosa Grecia. Nuestro destino ha ido cambiando varias veces debido a la evolución de la situación de los refugiados en los diferentes campos, y esto nos ha generado cierto estrés y papeleo, mucho papeleo: ahora una solicitud, ahora un permiso, que si necesitas un certificado de … En definitiva, muchísima burocracia.

Esperamos poder ir haciendo una pequeña crónica diaria de nuestra cooperación con los refugiados de las guerras de Oriente Medio. Un pequeño grano de arena dentro de esta monumental vergüenza.

En los campos de refugiados de Grecia las cosas cambian día a día, de tal manera que hace un mes había una serie de campos autogestionados (campos libres del norte) que funcionaban gracias a la solidaridad de los voluntarios y de algunas ONG creadas a raíz de esta crisis. Idomeneo, EKO Station, BP Station, hotel Hara … ya forman parte de la memoria colectiva y de la vergüenza de la clase política de la UE y satélites.

Durante el último mes la policía y el ejército griego han desmontado y reubicado los refugiados en nuevos campos gestionados por los militares y donde entró como cooperante depende de la buena voluntad del comandante del campo, limitando y controlando los movimientos. Los campos desmantelados, todos cercanos a la frontera (cerrada) con Macedonia, funcionaban por autogestión: escuelas, ludotecas, espacios culturales, hospitales de campaña, cines y Baby Hammams (espacio creado para bañar a los bebés y niños) se autogestionan gracias a los voluntarios y los residentes del campo.

Así pues, las cosas han cambiado. Debido a las dificultades que ponen los militares a los voluntarios independientes para entrar y poner en marcha nuevos proyectos en los campos militarizados, durante estos próximos diez días a trabajar con la ONG española olvidados, colaboración que nos permitirá movernos y trabajar con más facilidad. Encontrar la gente de Olvidados ha sido encontrar la clave de entrada al campo de Filippiadas, reacio a la apertura exterior. Olvidados tiene una infraestructura montada en el campo de Katsikas y quiere ampliar la cooperación con el campo de Filippiadas.

Nos dirigimos al noroeste de Grecia, relativamente cerca de la frontera con Albania. Katsikas, inaugurado el 20 de marzo de este año, está situado en un antiguo aeropuerto militar de la Primera Guerra Mundial. En su día el peor campo de Grecia. Actualmente, por desgracia de otros refugiados, han perdido posiciones dentro del triste ranking de la indecencia gracias al trabajo de tres ONG, entre ellas olvidados. En el campo malviven 1.200 personas (500 de ellas niños). Los 35 lavabos y las 22 duchas demuestran el gran nivel de humanidad de los gestores (militares) del campo. A Katsikas estaremos de paso, un par de días, para ver el funcionamiento, principalmente, del Baby Hammam y tomar conciencia de la realidad que nos espera en Filippiadas, que es nuestro destino definitivo.

En el campo de Filippiadas malviven unos 550 refugiados, en su mayoría sirios, kurdos y afganos, junto con cuatro voluntarias totalmente desbordadas de trabajo. Inaugurado hace un par de meses y controlado férreamente por los militares, este campo tiene las necesidades básicas “cubiertas”: duchas, aseos, un minicentro de salud gestionado por militares, comida de catering del ejército (frío) que los mismos refugiados se calientan con improvisados ​​fuegos en el suelo y toda la serie de “comodidades” de un campo militarizado pensado para los refugiados. Aquí no hay ni cocinas, ni escuelas, ni ludotecas, ni espacios de recreo para los niños y adultos ni un largo etcétera lleno de humanismo.

A Filippiadas, con los voluntarios de olvidados, empezaremos a organizar actividades específicas para los niños (escuela, ludoteca, Baby vapor), siempre que el comandante del campo esté receptivo.

Ha pasado más de un mes desde el momento de decidir hacernos cooperantes. Todo ha cambiado menos la vida de los refugiados, que sigue parada en Grecia, cuna de la democracia, esperando que la vieja Europa se decida a abrirles las fronteras.

Nosotros, sin embargo, ya estamos en ruta y esperamos poder contar en primera persona y con rigor e imparcialidad el día a día de la vida en el campo de refugiados de Filippiadas. Tenemos por delante diez días para hacerle llegar una de las mayores vergüenzas de nuestra querida y apreciada Europa.